Los Estudios Sobre Diversidad Sexual

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Tipo de trabajo: Artículo de investigación Título del artículo: “Los estudios sobre diversidad sexual y la antropología mexicana: recuento de presencias” en revista Estudios de Antropología de la Sexualidad. Palabra clave: Diversidad sexual y antropología Autor: Porfirio Miguel Hernández Cabrera Correo-e: [email protected] CV breve (semblanza): Porfirio Miguel Hernández Cabrera estudió la licenciatura en psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)-Iztacala y la maestría en antropología social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Fue Coordinador del Área de Diversidad Sexual del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM y profesor de psicología en la UNAM-Iztacala. Es investigador en estudios sobre diversidad sexual. Ha publicado artículos de investigación y de divulgación en libros y revistas nacionales, y presentado ponencias en diversos congresos nacionales e internacionales sobre la subjetividad de la madresposa y la reproducción de los roles de género en los infantes; la antropología mexicana y los estudios lésbico-gays; los estudios sobre diversidad sexual; el activismo del Grupo Unigay y su relación con el Movimiento Lésbico, Gay, Bisexual y Transgenérico (LGBT) de la Ciudad de México; la cobertura periodística de la Marcha del Orgullo LGBT; y los cien años de la redada en el baile de “los 41”; entre otros. Es profesor de asignatura en la Universidad del Valle de México y colaborador del suplemento cultural “La Jornada Semanal”. Ficha hemerográfica: Hernández Cabrera, Porfirio Miguel (2005). “Los estudios sobre diversidad sexual y la antropología mexicana: recuento de presencias”, en Revista de Estudios de Antropología Sexual, Instituto Nacional de Antropología e Historia/Universidad Autónoma del Estado de Morelos/Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología, vol. 1, núm. 1, México, pp. 11-31, ISSN: 1870-4255. 1 LOS ESTUDIOS SOBRE DIVERSIDAD SEXUAL Y LA ANTROPOLOGÍA MEXICANA: RECUENTO DE PRESENCIAS1 Porfirio Miguel Hernández Cabrera (Universidad del Valle de México) RESUMEN: El objetivo de este artículo es plantear la necesidad de crear un área de estudios en la antropología social mexicana que fortalezca y dé una presencia académica sólida a las investigaciones y al corpus de datos que sobre la diversidad sexual se están produciendo actualmente. Para ello, primero, se retoma la experiencia de las aproximaciones antropológicas anglo-europeas en estudios lésbico-gays. Segundo, se presenta el esbozo de una propuesta de creación de un área de investigación denominada estudios sobre diversidad sexual, la cual recupera algunos planteamientos del feminismo, de los estudios de género, de los estudios lésbico-gays, de los estudios/teoría queer y de la perspectiva inglesa de la sociología de la sexualidad. Tercero, se expone la falta de reconocimiento de la diversidad sexual, como dimensión antropológica de la diferencia cultural, en algunas revisiones de las tendencias de investigación nacionales en la disciplina. Cuarto, se identifican y describen someramente los temas y las características de algunos estudios locales existentes sobre la temática. Finalmente, se presentan algunas consideraciones sobre la necesidad de impulsar institucionalmente los estudios sobre diversidad sexual en la antropología nacional para lograr su pleno estatuto académico. Palabras clave: Diversidad, sexualidad y antropología. SUMMARY: This article has as its objective to establish the necessity to create an area of studies in Mexican social anthropology that strengthen and give a solid academic presence to the researches and to data corpus that get are producing nowadays about sexual diversity. For this, first I retake the experience of the Anglo-European anthropologic approaches in lesbian and gay studies. Second, I present the outline of a propose of creation of a research area called sexual diversity studies, which retake some approaches from feminism, gender studies, lesbian and gay studies, queer theory, and from English perspective of sociology of the sexuality. Third, I expose the lack of recognition of the sexual diversity, as an anthropological dimension of the cultural difference, in some reviews of the national research tendencies in the discipline. Forth, I briefly identify and describe the subjects and characteristics of some local studies about the topic. Finally, I present some considerations about the necessity to promote institutionally the sexual diversity studies in the national anthropology in order to achieve their full academic statute. Key words: Diversity, sexuality and anthropology. 1. Introducción  Este artículo es una versión actualizada de dos textos previamente publicados (ver Hernández Cabrera, 1997; y Hernández Cabrera, 2001a y 2004); agradezco a Joan Vendrell y a Yesenia Peña su invitación para publicarlo, también a la persona que fungió como dictaminadora anónima por sus valiosas críticas y sugerencias. 2 A principios de los años noventa, Kath Weston (1993) publica un artículo titulado “Lesbian/Gay Studies in the House of Anthropology”, en el que hace una revisión crítica sobre la participación de la antropología en los estudios lésbico-gays, un área académica desarrollada en Estados Unidos e Inglaterra que se ocupa del análisis de los significados culturales de las sexualidades diversas. Weston señala que la homosexualidad en la antropología de los años veinte del siglo XX era tratada meramente como “el aspecto sub rosa del sexo”, es decir, como un asunto secreto y clandestino. A partir de la primera mitad de ese siglo el tema comenzó a tratarse pero con ambigüedad. A pesar de esto, Weston reconoce la aportación de una serie de datos reunidos por antropólogos (as) sobre el comportamiento homosexual en diversas culturas. Así, señala que muchos de los estudios antropológicos eran “etnocartografías”, elaboradas desde la perspectiva empirista con el objetivo de buscar evidencia de sexualidad entre personas del mismo sexo y ambigüedad genérica en “otras” sociedades. No es sino hasta los años sesenta del siglo pasado, en el marco del creciente debate intelectual de los movimientos sociales, que los textos antropológicos de los estudios lésbico-gays, ahora clásicos, se comienzan a publicar, lo cual fue facilitado por el surgimiento del movimiento gay en Estados Unidos, llegando a atraer la atención de las y los investigadores. De acuerdo con Weston, la redefinición de la homosexualidad como un constructo cultural -ya no como una patología individual- fue posible debido a los aportes de la escuela constructivista social durante los años setenta, en específico, a los trabajos de D‟Emilio en historia, y McIntosh y Weeks en sociología. Según Weston (1993: 341), basados en estos trabajos y en los textos de Foucault, los antropólogos empezaron a argumentar que son “los contextos culturales específicos los que moldean las formas, interpretaciones y ocasiones de la conducta homosexual”. Para Weston (1993: 340) los estudios lésbico-gays en antropología surgen con fuerza en los años ochenta, aunque la producción etnográfica no es tan abundante debido a “la ignorancia 3 deliberada, el miedo a las repercusiones profesionales, la escasez de documentos de los primeros períodos y la reticencia por parte de los etnógrafos”. Si bien este interés ha sido lento, en los noventa “los análisis etnográficos de la conducta y la identidad homosexual, del „torcer [bending] el género‟, de las comunidades lésbica y gay, de las prácticas sexuales transgresoras y de la homosocialidad, fueron florecientes” (p. 339), llegándose a convertir en una actividad “supra rosa”. De esta manera, si bien en Estados Unidos desde hace mucho tiempo se investiga sobre diferentes aspectos vinculados a la construcción cultural de la homosexualidad y de otras manifestaciones sexuales disidentes a través de los estudios lésbico-gays y de los estudios queer (Greenberg, 1988; Jagose, 1996; Weeks, 1993), en México, lamentablemente, la investigación sobre estos temas es escasa. Debido a este desinterés por parte de las y los investigadores nacionales, se sabe muy poco sobre los múltiples aspectos de la diversidad sexual en el contexto nacional. Sin embargo, en la actualidad esta área de estudio está cobrando auge en algunas instituciones de educación superior de la Ciudad de México y en otros centros de investigación del país, en los que se están llevando a cabo investigaciones principalmente desde la perspectiva antropológica. Así pues, el propósito del presente artículo es establecer la necesidad de crear un área de estudios en la antropología social mexicana que fortalezca y dé una presencia académica sólida a las investigaciones y al corpus de datos que sobre la diversidad sexual se están produciendo actualmente. Para ello, primero, se presenta el esbozo de una propuesta de creación de un área de investigación denominada estudios sobre diversidad sexual, la cual recupera algunos planteamientos del feminismo, de los estudios de género, de los estudios lésbico-gays, de los estudios/teoría queer y de la perspectiva inglesa de la sociología de la sexualidad. Segundo, se expone la falta de reconocimiento de la diversidad sexual, como dimensión antropológica de la diferencia cultural, en algunas revisiones de las tendencias de investigación nacionales en la disciplina. Tercero, se identifican y describen someramente los 4 temas y las características de algunos estudios locales existentes sobre la temática. Finalmente, se presentan algunas consideraciones sobre la necesidad de impulsar institucionalmente los estudios sobre diversidad sexual en la antropología nacional para lograr su pleno estatuto académico. 2. Los estudios sobre diversidad sexual En un artículo de presentación del primer “Diplomado en Estudios sobre Diversidad Sexual” realizado en el Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el año 2000 (Hernández Cabrera, 2001a: 21; y 2004: 21-22), señalo la necesidad de crear los estudios sobre diversidad sexual como una nueva área de investigación académica en México que intente “entender los significados sociales asignados a las identidades y prácticas sexuales en contextos socioculturales específicos, y el carácter diverso de las mismas, [lo cual] supone retomar modelos teóricos que interpreten y expliquen esas expresiones sexuales”2. Así, los estudios sobre diversidad sexual recuperan algunos elementos del feminismo y los estudios de género (Vance, 1989), de los estudios lésbico-gays (Plummer, 1992; Abelove, Barale y Halperin, 1993), de los estudios/teoría queer (Jagose, 1996) y de la perspectiva inglesa de la sociología de la sexualidad (Plummer, 1984; Weeks, 1993 y 1998), para la investigación de los diferentes aspectos vinculados con la diversidad sexual. Los estudios sobre diversidad sexual retoman del feminismo y de los estudios de género la consideración del género como la construcción de la diferencia sexual, a través del cual las personas se identifican a sí mismas, organizan su actividad social e interiorizan las relaciones de poder. Entender al género como construcción cultural supone descartar las interpretaciones sobre las identidades masculina y femenina como entidades esencializadas. En este campo, las 2 Ver también Hernández Cabrera (2000), texto en el que esbozo algunos de los principales discursos que en nuestro país se esgrimen sobre la diversidad sexual, reflexiono acerca de los significados de ésta y apunto la necesidad de considerar a la diversidad sexual como una realidad que enriquece nuestro entendimiento de la diversidad humana. 5 contribuciones de las feministas han sido fundamentales para comprender a la sexualidad como un terreno de constreñimiento, pero también de placer, cuestionando las teorías y las prácticas de la sexualidad, primordialmente su impuesta función reproductiva (Vance, 1989). Al respecto, considero que: “En este sentido, los estudios sobre diversidad sexual reconocen los avances de los análisis críticos del feminismo y, en especial, asumen la centralidad del poder en las múltiples expresiones de la sexualidad de mujeres y hombres; poder que genera, en el caso de las personas que expresan abiertamente su diversidad sexual, opresión, silencio, descrédito y estigma, entre otros” (Hernández Cabrera, 2001a: 23; y 2004: 24). Por otra parte, de los estudios lésbico-gays, los estudios sobre diversidad sexual rescatan su enfoque interdisciplinario (Plummer, 1992: 23) para investigar teórica y empíricamente “todos los asuntos relacionados con la homosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad, el transgénero, y con otras manifestaciones de índole sexual”. También retoman su enfoque crítico para incidir políticamente, desde la academia, en el cuestionamiento del poder que oprime a las personas sexualmente diversas (Abelove et al., 1993). En lo que respecta a los estudios/teoría queer3, en mi artículo (2001a: 24; y 2004: 25) señalo lo siguiente: “[...] la teoría queer realiza la crítica desencializadora de las categorías de identidad sexual “homosexual” y “heterosexual”, y desconstruye la noción de identidad como una idea provisional y contingente que establece las políticas de diferencia entre los sujetos. En este sentido, siguiendo a Foucault, la teoría queer desnaturaliza la identidad sexual para situarla como una categoría cultural disponible, y no como un atributo esencial de la persona. Asimismo, los estudios sobre diversidad sexual retoman las aportaciones de la teoría queer al reconocer la movilidad y el carácter no fijo de las identidades sexuales; esto les ha permitido incorporar a su campo de análisis las prácticas sexuales de personas que no se adscriben a ninguna categoría de identidad sexual (politizada o no politizada), pero para quienes el ejercicio de la sexualidad implica una práctica en condiciones sociales adversas”. 3 En la literatura estadounidense se hace referencia de manera intercambiable a los “estudios queer” o a la “teoría queer”. Más que una teoría, la perspectiva queer es una metodología alternativa para abordar el estudio de las sexualidades que se salen de la norma heterosexual reproductivista, cuestionándola y dando carta de validez a muchas identidades y manifestaciones sexuales consideradas tradicionalmente como “raras”. Esta perspectiva metodológica ha derivado en muchas investigaciones y estudios que han aportado elementos para la comprensión de las sexualidades marginales y marginadas. De ahí su doble nomenclatura (ver Jagose, 1996). 6 De lo que he llamado la perspectiva inglesa de la sociología de la sexualidad, los estudios sobre diversidad sexual recuperan el carácter cultural cambiante y relativo del significado de diversidad sexual, considerando para ello los criterios científicos, morales y políticos de un tiempo y lugar específicos (Plummer, 1984; Weeks, 1993 y 1998). De este modo, con base en los fundamentos teóricos antes citados, considero necesario concebir a la diversidad sexual en el contexto local, como una categoría que engloba a las sexualidades disidentes tanto politizadas como no politizadas que se manifiestan en la sociedad mexicana, para estudiar la forma en que las “identidades y prácticas sexuales se ven afectadas por los grupos, las instituciones y los ámbitos socioculturales específicos en los que se desarrollan” (Hernández Cabrera, 2001a: 26; y 2004: 28). Al respecto afirmo (2001a: 26-27; y 2004: 28-30): “Así, la categoría diversidad sexual abarca las sexualidades plurales, polimorfas y placenteras como la homosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad y el transgénero (travestis y transexuales), ya sea como identidades esencializadas o como prácticas sexuales sin carácter identitario [...] los estudios sobre diversidad sexual reconoce [n] tanto la esencialización de ciertas identidades, como la inestabilidad y el carácter no fijo de otras identidades y prácticas sexuales. Esto es indispensable para analizar la situación real de vida de las personas que asumen una identidad sexual estable de por vida, [bajo la consideración] de un compromiso afectivo o político, así como la de las personas que hacen de su existencia sexual un campo diverso de experiencias sexuales y afectivas contradictorias e indefinidas”. Pero además, la categoría diversidad sexual incluye también el estudio de la heterosexualidad ya que, aunque constituye la expresión de la sexualidad legitimada por excelencia, no por ello deja de ser una forma más en que la diversidad sexual se manifiesta. Y en tanto que legitimada, la heterosexualidad se ha dado por sentada tanto en las prácticas sociales que las sustentan, como en los análisis teóricos. De hecho, como señala Weeks (1998: 73), a principios del siglo XIX, cuando surge la categoría “homosexualidad”: “Había pocos análisis de la heterosexualidad como tal (todavía no los hay)”. Y agrega (1998: 85): “A tal punto se ha considerado la heterosexualidad como una norma que rara vez se cuestiona. Es el dato básico de las teorías sexuales, la forma natural con la que juzgamos otras. Sin embargo, un poco más de paciencia y una lectura atenta de los estudios sobre el sexo mostrarían que no es un fenómeno único. El término incluye tanto la violación como las relaciones amorosas, tanto la coerción como la elección. 7 Abarca una multitud de prácticas sexuales, desde el acto sexual en la posición „normal‟ hasta el acto sexual oral y anal. Como término, hace que se pierdan las diferencias de edad, de institucionalización e incluso de las fantasías de los integrantes de la pareja. En sí no describe nada salvo el hecho de la elección de objeto. Los significados de esto pueden ser diversos. Pero si privilegiar la heterosexualidad lleva a que se pierdan las diferencias reales, de la misma manera su 4 rechazo total está más que equivocado” . Por otro lado, concibo la noción de diversidad sexual como una categoría plural que abarca múltiples identidades y expresiones sexuales, pero también diversas manifestaciones de una misma identidad sexual. En este sentido, por ejemplo, hay que reconocer que no existe una manera de ser homosexual, sino una diversa gama de manifestaciones que van desde el travestismo hasta la expresión súper viril. Así, lo pertinente es hablar de homosexualidades más que de homosexualidad, y reconocer que cada una pasa por procesos específicos de expresión cultural decididamente femeninos, masculinos o transgenéricos, según la identidad que se adopte en la amplia gama de “posibilidades de ser gay”. El carácter plural de la diversidad sexual no sólo se aplica a la dimensión sexual de la identidad que se adopte, sino también a otras dimensiones de pertenencia social que definen la identidad total de las personas como son “el sexo, el género, la clase social, la edad, la religión, la etnia, entre otros, que matizan las manifestaciones culturales específicas de las identidades y las prácticas sexuales” (Hernández Cabrera, 2001a: 27; y 2004: 29). 4 En sus primeras versiones, los estudios sobre diversidad sexual que aquí se proponen hacían énfasis en las “sexualidades disidentes” en un afán por desmarcarse de la visión convencional del estudio de la sexualidad, aquella que es “…heredera de una importante tradición que define la sexualidad en función de la idea de norma, normalidad y normatividad, con nítidos tintes prescriptivos y muchas veces sobre la base de la oposición salud vs. disfunción/enfermedad” (Moreno, 1997: xi). Cabe señalar que en el momento en que hice esas primeras propuestas sobre esta área de estudios el debate nos exigía la necesidad de distanciarnos académicamente de esa “visión convencional del estudio de la sexualidad” y “dejar afuera” a la heterosexualidad como objeto de estudio, a pesar de haber estado contemplada en los primigenios borradores de esta propuesta. Sin embargo, con el paso de los años, el discurso en materia de política sexual en los ámbitos del activismo social y de los partidos políticos en la Ciudad de México, hizo necesario el reconocimiento de la heterosexualidad “como parte de la amplia gama de sexualidades” contenidas en la categoría diversidad sexual. Hoy reconozco, y rescato, la necesidad de incorporar a la heterosexualidad como otro interés académico de los estudios sobre diversidad sexual, pero no desde el punto de vista tradicional de la sexología, sino desde una perspectiva mucho más amplia y crítica que contemple el carácter diverso per se y socialmente construido de la propia heterosexualidad tal y como lo sugiere Weeks (1998). 8 Concretamente, como área de investigación académica, los estudios sobre diversidad sexual (Hernández Cabrera, 2001a: 27; y 2004: 30): “[...] concentran su atención en el análisis de la producción y la reproducción social de los significados culturales sobre las identidades y prácticas sexuales insertas en los diferentes ciclos de vida de las personas (infancia, juventud, adultez y adultez mayor), y en los diferentes ámbitos de la vida social privada (individual, familiar y en grupos y redes de sociabilidad) y de la vida pública (religión, trabajo, educación, arte y medios de comunicación). También aspiran a descifrar los significados culturales inscritos en los discursos y las prácticas de la sexualidad y del sexo, tomando en cuenta para ello los contextos sociales y culturales locales (indígena, rural y urbano) en los que se manifiestan”. 3. Tendencias en la investigación reconocidas y no reconocidas en la antropología mexicana La antropología mexicana se caracteriza por el predominio de la perspectiva indigenista en la teorización y en la investigación etnográfica. Al parecer “nuestro pasado nos condena” y las consecuencias del encontronazo de las culturas europeas y mesoamericanas dieron origen a una multiplicidad de perspectivas y problemáticas relacionadas con las etnias sobrevivientes a la invasión española y con su integración al Estado-nación mexicano. Sin embargo, México no sólo se conforma de esos grupos indígenas, sino de múltiples sectores poblacionales que dirimen sus diferencias culturales no sólo de etnia, sino también de género, clase, religión, etcétera, y, por supuesto, de orientación sexual (Hernández Cabrera, 1997). Así, de acuerdo con Krotz (1990), paulatinamente la antropología nacional reciente ha abordado los problemas de esas fronteras culturales5. Krotz menciona que desde finales de los años setenta del siglo pasado la antropología mexicana ha comenzado a diversificar sus intereses y objetos de estudio, incorporando las problemáticas derivadas de los procesos migratorios, los diversos sectores de la población rural, los procesos de urbanización y 5 Para Rosaldo (1991: 35): “La antropología nos invita a ampliar nuestro sentido de posibilidades humanas mediante el estudio de otras formas de vida”. En este sentido, afirma que la situación actual de la antropología supone el estudio de lo que él llama fronteras culturales, es decir, aquellas expresiones culturales que para la etnografía clásica constituían situaciones de excepción más que aspectos básicos de análisis. Según el autor, en la actualidad las fronteras culturales han tomado un lugar central en el análisis antropológico puesto que “los diferentes” se han trasladado a las urbes. Sobre esto afirma: “Las ciudades del mundo actual incluyen cada vez más a las minorías definidas por la raza [sic], grupo étnico, idioma, clase, religión y orientación sexual. Los encuentros con la „diferencia‟ ahora invaden la vida cotidiana moderna en marcos urbanos” (p. 37) (las cursivas son mías). 9 movimientos populares, los fenómenos religiosos, la situación de las mujeres, los procesos de salud-enfermedad, los procesos políticos, la relación cultura-naturaleza y otros múltiples temas, además de un renovado interés por lo indígena. Krotz no alude en ningún momento a la sexualidad como un nuevo objeto de estudio antropológico. De manera similar, en la revista Nueva Antropología -una de las principales voceras del acontecer antropológico del país- encontramos una notable ausencia de trabajos sobre asuntos de diversidad sexual. Así, en el número de aniversario por los veinte años de esa revista se presenta una visión retrospectiva de las diferentes temáticas abordadas a lo largo de esos años6, encontrándose artículos sobre antropología política, étnica, rural, urbana, médica, de la religión, del género y reflexiones sobre la formación de antropólogos. Precisamente en este número, Krotz (1997) presenta algunas reflexiones sobre la situación de la antropología mexicana y sus perspectivas a futuro. Entre otros aspectos, Krotz propone un listado de “campos temáticos cruciales para la disciplina” y señala (1997: 16): “En cualquier reunión que versa sobre el futuro de una disciplina científica suelen surgir múltiples propuestas acerca de la necesidad de ocuparse con mayor énfasis de ciertos fenómenos, temas y debates. A menudo, estas propuestas sólo expresan las preferencias personales, a veces momentáneas, de quien las hace. En otras ocasiones constituyen un esfuerzo de reconceptualizar ciertos aspectos de la realidad empírica. En este sentido, también la siguiente lista es sólo una de varias posibles y no pretende ser exhaustiva”. Y en su lista incluye los temas de investigación siguientes: la persistente relevancia de los pueblos indios; “los vertiginosos procesos de urbanización y megalopolización”; “las maneras de estructurar y ejercer el poder”; y “la relación cultura-naturaleza”7. Así, ni en el recuento de 1990, ni en el listado de “preferencias personales” de Krotz de 1997, ni en el número de aniversario de Nueva Antropología, ni en los otros cincuenta números anteriores se ha hecho siquiera alusión al estudio sobre la diferencia cultural derivada de la orientación sexual. No obstante, a pesar de no existir una “tendencia” suficientemente fuerte en 6 7 Nueva Antropología. Revista de Ciencias Sociales. Vol. XV, No. 51, México, febrero de 1997. Cursivas en el original. 10 la antropología mexicana en estudios sobre diversidad sexual, contamos con investigaciones que se han ocupado de esta temática, algunas de las cuales ya existían cuando Krotz hizo su recuento temático y planteó sus perspectivas para el futuro; otras han surgido en una especie de incipiente boom a finales de la década de los noventa. A continuación se mencionan algunos de esos estudios, los cuales han abordado asuntos sobre homosexualidad, lesbianismo, bisexualidad y transgénero. Consideramos pertinente documentar todas las investigaciones que se conocen en tanto que su aportación es muy valiosa y conforman la base de lo que, en un futuro, puede llegar a constituir una perspectiva antropológica de los estudios sobre diversidad sexual. Tal recuento incluye sólo los estudios publicados y algunas tesis, y no constituye de ninguna manera una revisión exhaustiva. Del mismo modo, dicho listado requeriría una reseña crítica de las investigaciones, sin embargo esta tarea queda pendiente ya que rebasa los objetivos de este artículo8. 4. Visión panorámica de las temáticas y aproximaciones antropológicas en estudios sobre diversidad sexual La Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) es una de las instituciones nacionales que, como en otras áreas de estudio, va a la vanguardia en materia de estudios sobre diversidad sexual. Así, se cuenta con los artículos pioneros publicados por Lizarraga (1980 y 1982) en la revista Cuicuilco sobre hetero y homosexualidad, quien también ha analizado los diversos mitos en torno al travestismo (Lizarraga, 1985). Además, compendió un volumen de textos sobre comportamiento sexual y sida, los cuales fueron presentados como ponencias en el “I Encuentro Nacional sobre Sida, Sexualidad y Sociedad”, organizado por el Taller de Discusión Sexológica y por la ENAH (Lizarraga, 1990). Este investigador publicó hace poco un libro en el que compendia la historia de la homosexualidad desde la antigua Grecia 8 Tal recuento constituye una visión parcial de los materiales que iba encontrando sobre la marcha de la investigación e incluye estudios locales que van desde los años ochenta del pasado siglo hasta el año 2002. En este sentido, en tanto que se trata de una revisión no sistemática ni rigurosa, es posible hayan quedado de lado investigaciones importantes, lo cual no hace sino reafirmar la necesidad de investigar más a fondo sobre el asunto. 11 hasta nuestros días, dedicando los últimos capítulos a la situación mexicana (Lizarraga Cruchaga, 2003). También en la ENAH, List Reyes (2000) realizó una tesis de maestría en antropología social sobre género, identidad y socialidad en hombres gays de la Ciudad de México. Ha publicado una serie de artículos en los que analiza algunos lugares gays de la Ciudad de México como espacios de sociabilización gay (List Reyes, 1997; 1998; 1999; y 2001a), además de un artículo en el que hace un breve recuento de algunos trabajos antropológicos nacionales e internacionales que han abordado el estudio de la diversidad sexual (List Reyes, 2001b). En el Boletín de la ENAH, publiqué en 1997 un artículo en el que hice un balance, desde la perspectiva de los estudios lésbico-gays, de las presencias y ausencias de las temáticas lésbico-gays en la antropología mexicana. Mas recientemente, presenté en la ENAH mi trabajo de tesis de maestría en antropología social en el que analicé etnográfica e historiográficamente los procesos de construcción de la identidad gay en los jóvenes activistas del Grupo Unigay y su relación con el movimiento Lésbico, Gay, Bisexual y Transgenérico (LGBT) de la Ciudad de México (Cf. Hernández Cabrera, 2002). Por su parte, Miano Borruso (1998) realizó un estudio etnográfico sobre el muxe (hombre homosexual travesti) en la ciudad de Juchitán, que forma parte de su tesis de doctorado en antropología en la ENAH, la cual fue publicada recientemente (Miano Borruso, 2002). Además, desde 2001 ese doctorado, con la colaboración del Centro de Información y Documentación de las Homosexualidades en México (CIDHOM)/Colectivo Sol, A. C., lleva a cabo el proyecto de investigación “Nuevas identidades de género, procesos culturales y cambios sociohistóricos. El Movimiento Gay en México (1970-1990) a través de la voz y la mirada de sus protagonistas”. Como resultado de este proyecto, la revista Cuicuilco publicó el número monográfico titulado “Homosexualidades, género y cultura en México”, en el que se reúnen las ponencias presentadas en la Mesa de Masculinidad del Primer Foro Interdisciplinario sobre Identidad y Estudios de Género, realizado en la ENAH en mayo de 2000. En el volumen 12 se abordan temas como la crítica antropológica constructivista al esencialismo subyacente en algunos estudios nacionales sobre homosexualidad (Vendrell Ferré, 2001); la reflexión sobre la noción de transgénero y sus implicaciones sexo-políticas en el marco de la diversidad sexual (Lizarraga Cruchaga, 2001); la aproximación desde la historia oral al proceso de construcción social de las identidades lésbicas y gays en el movimiento LGBT local del periodo 1970-1990 (Miano y Giglia, 2001); los significados de la identidad gay travesti y sus relaciones con la identidad homosexual (González Pérez, 2001a); y la homosexualidad masculina entre los indígenas rarámuri de Chihuahua y la influencia de los agentes externos en sus construcciones genéricas y sexuales (Pérez Castro Vázquez, 2001). Del mismo modo, como integrante de ese proyecto de investigación y como egresado de la maestría en antropología social de la ENAH, Sánchez Domínguez (2001) ha escrito sobre el papel de algunas manifestaciones públicas del movimiento LGBT (pintas, marchas y peregrinaciones) en la construcción de las identidades sexuales individuales y colectivas. También ha abordado el significado erótico e identitario de las prácticas homoeróticas entre varones en entornos urbanos de la Ciudad de México como calles, parques o medios de transporte, y las cualidades que las distinguen de las relaciones generadas en espacios urbanos específicos para homosexuales (Sánchez Domínguez, 2002). Recientemente presentó su tesis en la cual, desde una perspectiva etnográfica e historiográfica, analiza la conformación, el funcionamiento y la eficacia simbólica de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana de la Ciudad de México, una institución de origen estadounidense que integra la religiosidad y la sexualidad de los homosexuales y las lesbianas, y que contribuye en la construcción de identidades sexuales y estilos de vida (Cf. Sánchez Domínguez, 2003). Otras investigaciones que se han realizado con la participación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y de otros centros de investigación nacionales y extranjeros, son las de Liguori sobre los estilos de vida de los travestis (“vestidas”) en la capital del país (Liguori y Ortega, 1992); y acerca de las prácticas bisexuales de los trabajadores de la construcción, el 13 recuento de las investigaciones cualitativas sobre homosexualidad y bisexualidad en México, y la vinculación de estas prácticas/identidades sexuales con el VIH/sida (Liguori, 1995). También, Liguori y Aggleton (1998) han investigado el comercio sexual masculino en la Ciudad de México. Por su parte, desde la antropología física, Peña Sánchez (2001) ha reflexionado sobre la homosexualidad como un ejemplo del polimorfismo de la sexualidad humana. En lo que respecta al lesbianismo, las investigaciones nacionales son más escasas. Sobre este tema, Hernández Guerrero (1997) realizó un estudio cualitativo acerca de las formas de relación y los estilos de vida de las lesbianas de la Ciudad de México. En el ámbito de la antropología realizada en otras ciudades del país, Pasos Tzec (1992) trabajó una tesis de licenciatura en antropología social sobre homosexualidad masculina en la ciudad de Mérida. Por su parte, Núñez Noriega (1994/1999) llevó a cabo una extensa investigación sobre las prácticas homoeróticas entre varones y la identidad homosexual en la ciudad de Hermosillo. En este mismo rubro, en su tesis sobre género y sexualidad del doctorado en ciencias antropológicas, Córdova Plaza (1999) da cuenta brevemente de algunas prácticas homoeróticas entre hombres y mujeres en una comunidad rural del centro de Veracruz. Mientras que González Pérez (2000), en su tesis de maestría en antropología social, analiza la construcción de la identidad gay travesti en hombres de la ciudad de Colima y su zona conurbada, y su vinculación con las disputas por espacios y territorios9. Más recientemente, la revista Desacatos, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), publicó un número monográfico dedicado al estudio de las sexualidades. En tal volumen Núñez Noriega (2001) hace un análisis desconstructivo de los estudios que sobre homosexualidad, bisexualidad y travestismo -“la antropología del homoerotismo”, como él la nombra- realizaron en México en las décadas de los setenta, ochenta y noventa algunos (as) investigadores estadounidenses y europeos (as) como 9 Este trabajo recibió el Premio del Instituto Nacional de Antropología e Historia 2000 a la mejor tesis de maestría en etnología y antropología social. 14 Carrier, Murray, Prieur y Taylor, pero también retoma los trabajos de otros (as) estudiosos (as) como Almaguer, Alonso y Koreck e Ingham10. En otro artículo de la misma revista, Ponce (2001) estudia las relaciones amoroso-sexuales de un grupo de pobladores de la costa veracruzana, incluyendo las relaciones homoeróticas que se manifiestan entre las lesbianas, y entre los chotos -como se autonombran y son conocidos los homosexuales en la región- y los mayates como son denominados localmente los hombres heterosexuales, solteros o casados, que se relacionan sexualmente con los chotos. Tal artículo surge de su tesis doctoral (Ponce, 2000) en la que, a través de un trabajo de campo consistente en un censo socioeconómico, encuestas e historias de vida, investigó las concepciones de sus sujetos de estudio sobre los géneros en el matrimonio, la familia y la sociedad, y sobre sus valores y prácticas sexuales. Finalmente, en colaboraciones para el mismo número de Desacatos, González Pérez (2001b) y el autor del presente artículo abordamos la construcción de la identidad gay, el primer autor desde el punto de vista teórico y en mi caso desde la óptica etnográfica en un grupo gay de jóvenes activistas de la Ciudad de México. Así, ubicándose en la perspectiva del construccionismo social, González Pérez hace un repaso del surgimiento de la identidad gay como una categoría teórica y social enfrentada al modelo heterosexista que fomenta la dicotomía entre los géneros. Su revisión va desde la acuñación del término “homosexual” en la segunda mitad del siglo XIX, hasta la aparición de la identidad gay como una categoría social, cultural y política a partir de las revueltas de Stonewall. Por mi parte, presenté una etnografía del Grupo Unigay en la que, con base en la reconstrucción de algunas actividades y escenas, se identifican tres ejes de análisis en los procesos identitarios generados por el grupo: 1) la salida del clóset o el proceso de desclosetamiento de los integrantes con su familia; 2) la 10 Cabe señalar que De los otros, el libro de Carrier (1995) en el que compendia gran parte de su obra sobre el estudio etnográfico de la homosexualidad y la bisexualidad entre los hombres de ciudades como México, Guadalajara y otras del occidente y el noroeste del país, fue publicado recientemente en una edición mexicana actualizada y aumentada (Carrier, 2003). 15 visibilidad y la presencia pública del grupo en el Parque Hundido; y 3) algunas formas de sociabilidad particulares (Hernández Cabrera, 2001b). Entre algunas de las investigaciones recién publicadas en un número monográfico sobre masculinidades diversas en la revista Mirada Antropológica, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, se encuentran la de Vendrell Ferré (2005), en la cual realiza la crítica a los orígenes médicos y sexológicos de lo que él denomina “la antropología sexual”, como área de estudio de la antropología social; analiza las consecuencias del esencialismo imperante en tal área y propone una perspectiva desencializante desde el punto de vista constructivista. Por su parte, Jiménez Guzmán (2005) aborda la construcción social de las masculinidades desde la perspectiva de género y la sexualidad masculina desde una perspectiva relacional. A su vez, List Reyes (2005) reflexiona sobre las implicaciones de la homofobia en la sociedad contemporánea. Finalmente, también en este número, establezco la necesidad de la investigación antropológica de las identidades sexuales politizadas; para ello, abordo etnográficamente el activismo del Grupo Unigay en los eventos pro diversidad sexual y antisida a finales de los años noventa en la Ciudad de México (Hernández Cabrera, 2005). Por otro lado, también desde finales de los años noventa, son cada vez más frecuentes los coloquios y congresos de carácter nacional e internacional, realizados en nuestro país, que incluyen en sus programas ponencias sobre diversidad sexual de muchos de los/as autores citados, y de otros/as antropólogos/as. De entre estos eventos académicos, es digna de mencionar la Semana de la Diversidad Sexual organizada por la Coordinación Nacional de Antropología y la Dirección de Antropología Física del INAH (cuya cuarta emisión fue realizada en el año 2005). Consideraciones finales A partir de esta somera revisión podemos concluir que los estudios sobre diversidad sexual desde la perspectiva antropológica están cobrando fuerza en nuestro país, al grado en que ya hasta se publican números monográficos sobre la temática. Si bien es necesario realizar 16 un análisis crítico de estas investigaciones, se puede adelantar que predomina el interés por el abordaje de la identidad gay, las prácticas homoeróticas diversas entre varones y el travestismo homosexual. En este sentido, tales estudios resultan todavía insuficientes para revelar la enorme riqueza de la veta investigativa de la diversidad sexual en el territorio nacional. Lo anterior obliga a las y los interesados en este campo de investigación a realizar un mayor trabajo no sólo de producción de conocimiento en áreas inéditas o poco exploradas, sino también de registro de otras investigaciones antecedentes y actuales en la antropología mexicana, además de llevar a cabo análisis sobre los motivos del desinterés por la temática en algunos ámbitos académicos. Así, es necesario que las y los antropólogos mexicanos reconozcan la trascendencia de los significados que los sujetos atribuyen a sus identidades y prácticas sexuales diversas, como otra dimensión cultural a través de la cual se organizan nuevas relaciones sociales que ponen en cuestionamiento no sólo las formas de organización social y cultural tradicionales, sino también las maneras en que las y los científicos sociales, y en particular los antropólogos (as), interpretan la realidad social y formulan marcos explicativos para entenderla. Lograr el estatuto académico de los estudios sobre diversidad sexual en el campo de la antropología nacional actual supone una intensa labor de sistematización teórico-metodológica y de institucionalización de tales estudios en los distintos centros de enseñanza e investigación. Concretamente, se requiere desarrollar con mayor precisión las categorías teóricas y metodológicas de eso que aquí se esbozó como estudios sobre diversidad sexual. Además, es necesario abrir líneas de investigación específicas; programar asignaturas, cursos y conferencias; crear publicaciones que aborden los tópicos particulares; formar e incorporar a las plantas docentes a profesores (as) e investigadores especializados (as) en el tema; y llevar a cabo otras acciones que “oficialicen”, y por tanto, promuevan e impulsen, la investigación sobre estas temáticas. En este rubro, son dignos de encomio los esfuerzos de la ENAH, del PUEGUNAM y de otros centros de investigación; sin embargo, resultan todavía escasos. 17 Finalmente, considero que a partir de estas reflexiones se puede desarrollar un trabajo más amplio tendiente a encontrar los puntos de encuentro entre antropología nacional y esa área de investigación apenas en vías de conformación en nuestro país denominada estudios sobre diversidad sexual. Mas allá de las “preferencias temáticas personales”, y situados -en palabras de Krotz- en “un esfuerzo de reconceptualizar ciertos aspectos de la realidad empírica”, el enfoque antropológico de la diversidad sexual permitirá arrojar luz sobre una realidad que no puede soslayarse y que está planteando nuevos retos para las más recientes generaciones de antropólogos y antropólogas, quienes tienen una tarea pendiente. Bibliografía Abelove, H., M. Barale y D. Halperin 2005 “De los estudios lésbico-gays”, en Mirada Antropológica. 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